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Lugar de interés

Cuevas costeras

Dirección
Cuevas costeras, 03726 El Poble Nou de Benitatxell, Alicante, España

Las cuevas costeras de El Poble Nou de Benitatxell forman parte de uno de los paisajes más singulares de su litoral. Modeladas durante miles de años por la acción del mar sobre los acantilados, estas cavidades combinan interés geológico, belleza natural e historia, creando rincones sorprendentes que ayudan a comprender la evolución de esta abrupta costa mediterránea.

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A lo largo de los grandes acantilados de El Poble Nou de Benitatxell se conservan numerosas cuevas y refugios tradicionales que forman parte de uno de los conjuntos etnográficos más singulares del litoral de la Marina Alta.

Estas construcciones pueden descubrirse especialmente a lo largo de la Ruta dels Penya-segats – Moraig-Llebeig, que comunica la Cala del Moraig con la Cala Llebeig siguiendo la base de los acantilados.

Construidas principalmente entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las cuevas son el testimonio de una época en la que pescadores y agricultores aprovechaban incluso los rincones más abruptos y difíciles de alcanzar de la costa.

Refugios construidos en la roca

Las cuevas costeras son construcciones muy sencillas, levantadas aprovechando cavidades y abrigos naturales de los acantilados. Allí donde la roca proporcionaba suficiente protección, se cerraba parcialmente el espacio mediante muros construidos principalmente con la técnica tradicional de la piedra seca.

De esta manera, la propia pared del acantilado funcionaba como techo y parte de la estructura, mientras que los muros completaban el refugio y protegían su interior frente al sol, el viento, la lluvia y la humedad.

La mayoría disponía de una única entrada de pequeñas dimensiones y un interior sin grandes divisiones. La sencillez de estas construcciones refleja perfectamente su función: no eran viviendas permanentes, sino espacios prácticos destinados a facilitar el trabajo y la estancia temporal en la costa.

Pescadores y agricultores

Los principales usuarios de estas cuevas fueron pescadores y agricultores de Benitatxell, que descendían hasta este difícil tramo del litoral para desarrollar diferentes actividades.

Los pescadores encontraban en ellas un lugar donde refugiarse, descansar o guardar algunos de sus utensilios. Los agricultores, por su parte, aprovechaban las pequeñas superficies de tierra disponibles entre las paredes rocosas para cultivar incluso en zonas muy próximas al mar.

En los alrededores de algunas cuevas todavía pueden reconocerse márgenes, bancales y pequeños espacios agrícolas, testimonio del enorme esfuerzo realizado para aprovechar un territorio caracterizado por sus fuertes pendientes y su difícil acceso.

Fuego, animales y vida cotidiana

Aunque sus interiores eran muy sencillos, alrededor de las cuevas podían habilitarse diferentes espacios relacionados con las necesidades de quienes permanecían allí.

En algunos refugios se conservan zonas destinadas a encender fuego, bancos de piedra, pequeños hornos y espacios para guardar herramientas. También existían recintos destinados a proteger a los animales de carga, imprescindibles para transportar productos y materiales por los estrechos senderos que comunicaban la costa con el pueblo.

Estos elementos permiten imaginar cómo transcurrían las jornadas de trabajo en un entorno aislado, donde cada cavidad, muro o superficie disponible tenía una función concreta.

Refugios del contrabando

Las cuevas costeras están también vinculadas a otro episodio de la historia popular de Benitatxell: el contrabando.

La accidentada configuración de los acantilados, la existencia de pequeñas calas y la dificultad de observar determinados puntos desde tierra convertían este litoral en un lugar adecuado para desembarcos discretos.

Según la tradición local, algunas cuevas fueron utilizadas como escondite mientras se esperaba la llegada de llaüts y balandras, embarcaciones que transportaban mercancías como tabaco, telas y otros productos.

Esta actividad forma parte de la memoria de un litoral que, durante siglos, fue al mismo tiempo espacio de trabajo, comunicación y refugio.

Cuevas con nombre propio

Muchas de estas construcciones conservan todavía el nombre o apodo de las personas que las utilizaron, un detalle que mantiene viva la memoria de quienes trabajaron en este paisaje.

Entre ellas se encuentran la Cova de les Morretes, la Cova del Tio Domingo l’Abiar, la Cova de Pepet del Morret, la Cova del Tio Toni el Senyalat y la Cova del Morro del Bou.

Cada una presenta características diferentes. Algunas son pequeños refugios cerrados por un único muro, mientras que otras conservan estructuras más complejas, con hornos, bancos de piedra, corrales o espacios destinados a los animales.

Un patrimonio integrado en el paisaje

Las cuevas se encuentran dentro del espacio protegido de los Penya-segats de la Marina, integrado en la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Su valor no reside únicamente en las construcciones, sino también en la extraordinaria integración entre arquitectura tradicional y paisaje. Los habitantes aprovecharon las formas naturales de la roca y emplearon materiales disponibles en el propio entorno, realizando intervenciones mínimas para crear espacios adaptados a sus necesidades.

Hoy, recorrer la Ruta dels Penya-segats permite descubrir estas construcciones en el mismo paisaje para el que fueron creadas. Las cuevas, los antiguos senderos, los bancales y los muros de piedra seca forman un conjunto que conserva la memoria de las personas que aprendieron a trabajar y aprovechar uno de los territorios más abruptos del litoral de la Marina Alta.

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