Pesqueres de Cingle

El litoral poblero está caracterizado por una fachada acantilada de gran altitud. La escarpada costa dificulta la actividad pesquera en la zona por lo que la pesca tradicional –ya en desaparecida- se centraba en “les pesqueres de cingle”: pequeñas construcciones artesanas colgantes en el abrupto litoral.

Los pescadores que utilizaban les pesqueres eran mayoritariamente labradores con carencias económicas, que se veían obligados a buscar más recursos en el mar fuera de la temporada agrícola. Sus conocimientos se basaban en la tradición heredada de padres a hijos y adquirida por la experiencia.

Actualmente, todavía se pueden ver distintas pesqueres desde el mar o desde los acantilados. Todas ellas se encuentran en avanzado estado de deterioro por el impacto del mar pero todavía se puede observar la peligrosidad que entrañaban y el valor de las personas que por necesidad accedían hasta allí para pescar. Esta actividad pesquera endémica, se prolonga exclusivamente por los conocidos como Penya-segats de la Marina.

 

Estructura y Tipología

La estructura de la pesquera se emplazaba en un punto próximo a la base del acantilado y cuyo acceso se realizaba mediante la instalación de un conjunto de cuerdas y escaleras con las que se descendía por el acantilado y, desde donde se pescaba durante la noche utilizando luz para atraer los peces. La pesquera se emplazaba en un saliente de la misma roca o, más comúnmente, sobre un cañizo, que a modo de plataforma se sujetaba al acantilado por cuatro tirantes de cuerda. Solían también tener habilitados unos refugios hechos por los pescadores.

Eran los propios pescadores quienes “armaban” la pesquera, la construían. Fijaban el sistema de cuerdas, escaleras y otros elementos de sujeción, acondicionaban el lugar de pesca para poder establecer un espacio mínimo de trabajo.

En este sentido se pueden diferenciar las pesqueras sobre peñas y las armadas sobre cañizos. Los habitantes de El Poble Nou de Benitatxell en particular utilizaban casi exclusivamente las pesqueres de cañizo, armadas a finales del s. XIX y principios del XX.

Esta modalidad de pesca también se conoce como “encesa” porque utilizaba la luz como elemento visual atrayente. “Encesa, candil, hacha de viento, candelero, carburero” son palabras que se refieren a la utilización de luz artificial como un elemento para la pesca. La luz se conseguía por la combustión de materiales que se recogían en el mismo entorno natural, y más tarde, mediante una combustión química en recipientes diseñados a tal efecto.

 

Jornada de pesca

Los pescadores solían ir a la pesquera andando desde el pueblo y tardaban en torno a una hora y media aproximadamente en llegar. Debían salir pronto para aprovechar la luz antes del anochecer, porque una vez allí, bajaban hasta el refugio y, antes de cenar, prepararban los instrumentos necesarios para la pesca: aseguraban el cañizo, fijaban la luz y se preparaban las cañas y demás utensilios.

El tiempo de pesca empezaba entrada la noche y, parece ser que las capturas más numerosas se hacían tras el anochecer, de las 19 a las 22 h., y antes del siguiente amanecer, entre las 5 a las 7 h. Antes de la salida del sol empezaban a retirar los utillajes de pesca, quitaban el cañizo y lo amarraban a la roca, para volver a casa con el pescado.

De vuelta a casa, los “enceseros” se esperaban unos a otros en puntos de cruce de sendas llamados “fumadors” (reciben este nombre porque en la época era habitual que fumaran algún cigarrillo mientras esperaban a sus compañeros). La espera era también una forma de controlar la siniestralidad cuando alguien no volvía o tardaba más de la cuenta. Al regresar, vendían el pescado en la calle Mayor del pueblo.

 

Últimas pesqueras

Los “enceseros” de El Poble Nou de Benitatxell dejaron de vender el pescado en la calle Mayor entre los años 1955 y 1960 y por tanto de ir a faenar a les pesqueres. Cerca de la década de los setenta, la asistencia a la pesquera ya era más una cuestión de tradición y afición que de necesidad. El trabajo en las pesqueras iba disminuyendo por varias razones como nuevas actividades económicas ligadas al desarrollo industrial y urbanístico; el envejecimiento de la generación que había ido a la pesquera durante toda su vida y la disminución de cantidad de pesca por la sobreexplotación de los recursos.

El trabajo en les pesqueres era muy duro y peligroso, que costó la vida a varios vecinos de El Poble Nou de Benitatxell. Actualmente, el trabajo en les pesqueres se conoce por su documentación histórica y referencias orales de las personas más mayores.

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